Cada 12 de agosto, los amantes de la música sacan del estante sus discos, desempolvan las tornamesas y vuelven a escuchar álbumes completos de principio a fin. La fecha es conocida como National Vinyl Record Day y fue impulsada por el coleccionista estadounidense Gary Freiberg, de Los Osos, California.
La elección del día tiene una razón histórica: el 12 de agosto de 1877 es la fecha que tradicionalmente se atribuye a la conclusión del modelo del fonógrafo de Thomas Alva Edison, uno de los primeros aparatos capaces de grabar y reproducir sonido. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos aclara, sin embargo, que el prototipo probablemente no quedó terminado sino hasta noviembre o diciembre de ese año y que Edison solicitó la patente el 24 de diciembre de 1877.
La celebración fue proclamada en 2002 por el condado de San Luis Obispo, California, a propuesta de Freiberg, quien buscaba preservar la cultura, el arte y los recuerdos asociados con los discos de vinilo.
Hay una curiosidad histórica: Edison no inventó el disco de vinilo.
Su fonógrafo utilizaba inicialmente cilindros, mientras que el desarrollo de los discos planos estuvo relacionado con el trabajo del inventor Emile Berliner, quien patentó el gramófono en 1887. Los primeros discos comerciales fueron fabricados con materiales como goma endurecida y posteriormente goma laca.
El vinilo como formato moderno apareció décadas después. En 1948, Columbia Records presentó el LP de 12 pulgadas y 33 1/3 revoluciones por minuto, fabricado con policloruro de vinilo (PVC), lo que permitió almacenar más música y ofreció un soporte más resistente que los antiguos discos de goma laca.
El formato se convirtió en uno de los principales medios para escuchar música durante buena parte del siglo XX, hasta que los casetes y posteriormente los discos compactos comenzaron a desplazarlo.
Pero el vinilo no desapareció.
La popularidad del vinilo ha experimentado un importante resurgimiento durante las últimas dos décadas. De acuerdo con la Recording Industry Association of America (RIAA), 2025 representó el decimonoveno año consecutivo de crecimiento del formato en Estados Unidos.
Durante ese año se vendieron 46.8 millones de discos de vinilo en el mercado estadounidense, frente a 29.5 millones de CD. Los ingresos por vinilo superaron por primera vez desde 1983 la barrera de los mil millones de dólares, al alcanzar aproximadamente 1,043 millones de dólares, un crecimiento de 9.3 por ciento respecto al año anterior.
El dato resulta todavía más llamativo porque el mercado estadounidense de música grabada alcanzó en 2025 ingresos totales por 11.5 mil millones de dólares, impulsados principalmente por los servicios de streaming. El vinilo, sin embargo, continúa siendo el formato físico con mayor facturación.
A nivel mundial, la tendencia también se mantiene. La Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) reportó que los ingresos globales de los formatos físicos crecieron 8 por ciento en 2025, hasta alcanzar 5.3 mil millones de dólares, mientras que los ingresos provenientes del vinilo aumentaron 13.7 por ciento, con lo que el formato consiguió su decimonoveno año consecutivo de crecimiento.
Parte del atractivo está en que el vinilo dejó de ser solamente un medio para reproducir música y se convirtió nuevamente en un objeto de colección.
Las portadas, las diferentes ediciones, el proceso de colocar la aguja y escuchar un álbum completo y la posibilidad de poseer físicamente la música son factores que han contribuido a su regreso.
Las nuevas generaciones también participan en este fenómeno. Artistas contemporáneos han incorporado ediciones especiales, discos de colores, versiones limitadas y diferentes portadas para sus lanzamientos, convirtiendo algunos álbumes en piezas de colección.
Un ejemplo reciente es Taylor Swift, cuyo álbum The Life of a Showgirl se convirtió en uno de los grandes impulsores de las ventas de vinilo en Estados Unidos durante 2025. El disco llegó a vender alrededor de 1.6 millones de copias en vinilo, de acuerdo con datos citados por la industria.
Así, más de un siglo después de que Edison experimentara con la posibilidad de conservar una voz sobre un soporte físico, el ritual de poner un disco, bajar la aguja y escuchar música sigue vigente.
Y aunque hoy millones de canciones caben en un teléfono, el mercado demuestra que todavía hay quienes prefieren que la música también pueda tocarse, coleccionarse y ocupar un lugar en el estante.