Perder a un ser querido, quedarse sin empleo o enfrentar cualquier tipo de pérdida significativa puede ser una de las experiencias más difíciles que atraviesa una persona. Sin embargo, existe un camino para sanar. Jonathan García Mezhua, psicólogo y tanatólogo con práctica privada en Veracruz, compartió una guía sobre cómo acompañar ese proceso sin quedarse atascado en el dolor.
Antes de hablar de cómo manejarlo, García Mezhua puso sobre la mesa algo que muchas veces se pasa por alto: el duelo no solo ocurre cuando muere alguien. Su definición es más amplia y cotidiana de lo que parece.
"Literalmente es perder algo que amas, algo que quieres o a lo que le tienes aprecio", explicó el especialista. Eso incluye la muerte de un familiar, la pérdida de un empleo, el deterioro de la salud o incluso la muerte de una mascota. Cualquier vínculo que le demos importancia puede generar un proceso de duelo genuino y válido.
Esta aclaración importa porque muchas personas minimizan su propio dolor al compararlo con pérdidas que consideran "más graves", y eso puede retrasar o incluso bloquear el proceso de sanación.
El psicólogo compartió tres recomendaciones prácticas que pueden marcar la diferencia en los primeros meses después de una pérdida:
Esta es una de las preguntas que más se repite cuando se habla del tema, y la respuesta del psicólogo fue contundente aunque matizada. Para él, la palabra "superar" no es la más precisa, porque superar puede confundirse con olvidar, y eso no siempre es posible ni deseable.
"Ocuparía el lugar de la palabra superar sanar el duelo. Considero que superar puede, en muchas ocasiones, derivarse a olvidar, y muchas veces no vamos a poder olvidar el dolor de nuestros familiares. ¿Lo vamos a poder sanar? Sí, sí se puede sanar".
Sanar, en términos prácticos, significa poder hablar del ser querido sin derrumbarse, volver a los lugares que compartían, sentir paz con lo que se hizo o no se hizo durante una enfermedad, o vivir sin crisis constantes de ansiedad. No significa no volver a llorar jamás.
García Mezhua introdujo un concepto que resulta especialmente revelador para quienes creen que "algo está mal" cuando el dolor reaparece años después: los llamados picos del duelo.
Imaginemos que hoy muere un familiar y pasan diez años. Llega la boda de un hijo y, en medio de la alegría, aparece ese pensamiento inevitable: "Te hubiera gustado mucho estar aquí". Ese momento de sensibilidad no significa que el duelo no se haya sanado. Significa que somos humanos.
"Sanar no quiere decir que nunca vamos a llorar. Solo que puedo ser sensible en momentos importantes. Pero sí, el duelo sí se puede sanar".
Este punto es importante porque muchas personas se frustran o se sienten fracasadas cuando una fecha especial, una canción o un olor les regresa el dolor. Entender que eso es parte del proceso y no una señal de retroceso puede aliviar mucho la carga emocional.
El especialista también abordó uno de los escenarios más comunes y menos reconocidos: los duelos que se extienden 15 o 20 años sin resolverse. Según García Mezhua, esto ocurre precisamente porque la persona nunca se permitió enfrentarlo.
"Cuando evado constantemente algo, el dolor crece", explicó. La evasión crónica alimenta el sufrimiento en lugar de reducirlo, y es uno de los principales motivos por los que la atención psicológica y tanatológica resulta tan valiosa.
Más allá de la terapia, García Mezhua compartió algunas herramientas accesibles que pueden complementar el proceso:
En un contexto donde hablar de la muerte y la pérdida sigue siendo un tema incómodo para muchas familias, el mensaje del psicólogo veracruzano es directo y necesario: el duelo no se evade, se transita. Y con el acompañamiento correcto, sí se puede sanar.