No poder asimilar que una persona amada murió no significa debilidad ni que se esté viviendo mal el duelo. El psicólogo clínico Carlos Sánchez explica por qué ocurre esta reacción y comparte tres herramientas para aprender a vivir con la ausencia sin reprimir el dolor.
Aceptar la muerte de un ser querido puede ser uno de los procesos emocionales más difíciles, especialmente cuando se trata de una madre, un hijo, una pareja o alguien que formaba parte esencial de la vida cotidiana. Aunque la persona sabe racionalmente que falleció, emocionalmente puede seguir esperando verla llegar a casa, recibir una llamada o escuchar su voz.
Esta contradicción es parte del proceso de duelo y no significa que alguien esté perdiendo la razón o sea incapaz de superar una pérdida.
Carlos Sánchez, psicólogo clínico, explicó que cuando se construye un vínculo afectivo profundo, el cerebro incorpora a esa persona como parte constante de su entorno. Por ello, aunque se conozca la noticia de la muerte y se haya participado en los rituales de despedida, los recuerdos y hábitos cotidianos pueden mantener la expectativa de que el ser querido sigue presente.
El especialista señaló que el duelo no se resuelve únicamente entendiendo lo ocurrido, pues también implica que el cerebro y las emociones se adapten poco a poco a una realidad en la que ese vínculo ya no puede vivirse de la misma manera.
Uno de los errores más comunes al enfrentar una pérdida es creer que recordar con alegría a quien murió significa dejar de sentir tristeza, o que llorar representa un retroceso en el proceso de recuperación.
Sánchez explicó que ambas emociones pueden coexistir: una fotografía, una canción o el platillo favorito de la persona pueden provocar gratitud por los momentos compartidos y, al mismo tiempo, dolor por su ausencia.
Por ello, advirtió sobre la presión social de mantener una actitud positiva o mostrarse fuerte para no incomodar a los demás.
El psicólogo subrayó que reprimir la tristeza y ocultar constantemente el sufrimiento no ayuda a procesar la pérdida. Recordar a alguien con cariño no significa tener que dejar de llorar por él.
Una persona puede sonreír al recordar una anécdota y, minutos después, sentir ganas de llorar. Ambas reacciones forman parte de una experiencia emocional que no debe juzgarse.
El especialista señaló que en terapia no se busca que las personas olviden o abandonen el vínculo con quien murió, sino que puedan transformar la manera en que lo mantienen presente.
En ese sentido, cuestionó la expresión “tienes que soltar”, pues considera que el objetivo no es dejar de amar a quien falleció, sino aprender a vivir con su recuerdo sin que el dolor impida continuar con la vida.
Para quienes atraviesan una pérdida y sienten que no pueden sobrellevar la ausencia, compartió tres herramientas:
1. Permitirse sentir y después retomar las actividades cotidianas.
Sánchez recomienda practicar lo que denomina oscilación saludable: reservar momentos para llorar, mirar fotografías o recordar a la persona, sin obligarse a estar bien durante todo el día.
Después de esos momentos, también es válido distraerse, trabajar, convivir o realizar actividades habituales. Sanar implica alternar entre reconocer el dolor y reconstruir la vida cotidiana, sin culpa por hacerlo.
2. Cambiar la pregunta del “por qué” al “cómo”.
En lugar de quedarse atrapado en preguntas como “¿por qué ya no está?”, el especialista propone reflexionar sobre cómo siguen presentes las enseñanzas, los valores y las formas de amar que dejó esa persona.
De esta manera, el recuerdo puede convertirse en una forma de mantener vivo su legado a través de las propias acciones.
3. Hablar del dolor y pedir compañía.
Otra recomendación es expresar a familiares y personas cercanas lo que se está sintiendo, sin temor a mostrarse vulnerable.
Decir frases como “hoy quiero recordar su vida con ustedes, pero también necesito un abrazo porque me pesa mucho su ausencia” permite comunicar las necesidades emocionales y evitar que el sufrimiento se viva en aislamiento.
Carlos Sánchez recordó que cada persona vive la pérdida de manera distinta y que no existe un tiempo único para aceptar la muerte de alguien amado.
Por ello, buscar acompañamiento psicológico puede ser una alternativa cuando el dolor resulta difícil de manejar o comienza a interferir de manera importante con la vida cotidiana.
El mensaje central del especialista es que no se trata de olvidar a quien murió ni de dejar de sentir tristeza, sino de encontrar una nueva forma de relacionarse con su recuerdo.
Aceptar la ausencia no significa dejar de amar. Significa aprender, poco a poco, a vivir con ese amor de una manera diferente.