Rejas, protecciones, tornillos, estructuras y prácticamente cualquier objeto metálico expuesto al ambiente de Veracruz enfrenta un enemigo permanente: la corrosión, un proceso que puede acelerarse debido a las condiciones características de una zona costera.
Ricardo Galván Martínez, investigador de tiempo completo del Instituto de Ingeniería de la Universidad Veracruzana (UV), afirmó que Veracruz se encuentra catalogado entre las zonas altamente corrosivas a nivel mundial.
La combinación del ambiente marino, altas temperaturas y, principalmente, la elevada humedad relativa provoca que diferentes metales se degraden con mayor rapidez que en ciudades alejadas de la costa.
“Veracruz es una zona altamente corrosiva, de hecho, está catalogada dentro de las más corrosivas del mundo. Aquí en Veracruz cualquier metal en su mayoría tiende a degradarse”, explicó.
Entre los materiales susceptibles se encuentran el acero, cobre y algunas aleaciones de aluminio, entre otros.
¿Cuánto puede durar una reja o protección metálica de una vivienda en Veracruz?
Galván Martínez explicó que no existe una sola respuesta, pues depende de factores como la preparación de la superficie y el recubrimiento aplicado.
Sin protección, una estructura podría comenzar a presentar degradación en un periodo aproximado de seis a ocho meses, señaló.
Con una preparación adecuada y la aplicación de un sistema de recubrimiento, su protección podría prolongarse uno, dos y hasta tres años, dependiendo del producto y procedimiento utilizado.
“Si alguna estructura puede durarnos sin pintar seis, ocho meses y se empieza a estar degradando, aplicándole un sistema de recubrimiento puede demorar uno, dos o hasta tres años”, señaló.
En instalaciones industriales se utilizan procedimientos más especializados y sistemas que pueden involucrar varias capas de recubrimiento, debido a que una falla por corrosión puede representar riesgos mayores para las personas, instalaciones y medio ambiente.
Aunque se proporcione mantenimiento constante a una estructura, el investigador explicó que no es posible eliminar definitivamente la corrosión.
Los métodos de protección tienen como finalidad reducir la velocidad con la que ocurre el proceso y, por lo tanto, prolongar la vida útil del metal.
“Jamás vamos a eliminar la corrosión. Lo único que podemos hacer es disminuir su velocidad de reacción”, puntualizó.
Esto ocurre porque los metales procesados presentan una tendencia natural a regresar a estados químicamente más estables. En el caso del acero, el proceso de corrosión conduce nuevamente a la formación de óxidos de hierro.
Contrario a lo que podría pensarse, el acero inoxidable tampoco es inmune a la corrosión, especialmente en ambientes marinos.
Galván Martínez explicó que este material cuenta con una película protectora, pero tiene un punto vulnerable frente a los iones cloruro presentes en ambientes con influencia marina.
Estos pueden dañar la capa protectora del acero inoxidable y favorecer determinados tipos de corrosión.
Por ello, sustituir una protección convencional por acero inoxidable no significa que quedará protegida para siempre frente a las condiciones ambientales de Veracruz.
El especialista recomendó que antes de aplicar pintura o cualquier sistema de recubrimiento se realice una preparación adecuada de la superficie.
No se trata únicamente de cubrir el metal cuando ya presenta deterioro, sino de preparar correctamente la superficie y posteriormente utilizar un recubrimiento apropiado.
En una ciudad costera como Veracruz, el mantenimiento periódico es fundamental, ya que la corrosión no puede eliminarse por completo, pero sí puede ralentizarse y con ello aumentar considerablemente la vida útil de estructuras y objetos metálicos.
Foto: Imagen de Ruiz_Sanchez_Pablo tomada de Pixabay