La Iglesia católica llamó a la sociedad a no ser indiferente ante la problemática de las personas desaparecidas y a mantener en la memoria a las víctimas, durante la misa celebrada en la Catedral de Veracruz por el décimo aniversario del hallazgo de la fosa clandestina de Colinas de Santa Fe.
El padre Aurelio Mojica Limón, vocero de la diócesis de Veracruz, señaló que esta fecha representa una oportunidad para recordar una herida que continúa abierta, no solamente en México, sino a nivel internacional.
"Esta herida que está abierta y que solamente todo el cuerpo social es el que puede sanarlo, curarlo".
El padre Aurelio reconoció el trabajo que han tenido que hacer, casi desde la nada, las madres buscadoras en todo el país. Mujeres que antes de enfrentarse a esta tragedia nunca imaginaron que tendrían que convertirse en sus propias investigadoras, en sus propias peritos.
El padre Mojica Limón describió cómo integrantes de colectivos como Solecito han desarrollado habilidades técnicas por pura necesidad, porque el Estado no siempre ha llegado a donde ellas sí han llegado. Aprendieron a leer la tierra, a detectar irregularidades en el suelo, a usar herramientas que nunca pensaron que tendrían que tomar entre sus manos.
"Algunas mamás aprendieron a manejar palas, esas varillas, aprendieron a ver ese terreno donde estaba removido o se había algunos cambios".
Detrás de cada pala levantada hay una madre, una hermana, un familiar que sigue en pie pese al agotamiento, pese al miedo y, en muchos casos, pese a las amenazas. El vocero diocesano reconoció que varias de estas mujeres han realizado su labor bajo condiciones de riesgo, en zonas donde su seguridad no está garantizada.
El sitio conocido como Colinas de Santa Fe, ubicado en el norte del municipio de Veracruz, se convirtió hace una década en uno de los hallazgos de fosas clandestinas más grandes y estremecedores registrados en México. Fue el Colectivo Solecito quien encabezó las búsquedas en ese terreno durante años, logrando localizar restos humanos que de otra forma habrían permanecido en el olvido.
Desde entonces, la labor de este colectivo ha servido de referencia y ejemplo para otros grupos de búsqueda en distintas partes del país. Su método de trabajo, su organización y sobre todo su persistencia han dado voz a familias que de otro modo habrían enfrentado el silencio institucional en soledad.
Esta conmemoración no es solo un aniversario: es un recordatorio de que el problema de las desapariciones forzadas en México sigue vigente, con miles de familias que aún esperan noticias de sus seres queridos y que continúan buscando sin descanso.
El padre Mojica Limón enfatizó que el rol que la Iglesia Católica quiere asumir ante esta realidad: no el de observadora pasiva, sino el de institución que acompaña, que está presente y que pone en el centro la dignidad de cada persona, viva o muerta, encontrada o aún desaparecida.
Desde esa perspectiva, la oración y el mensaje evangélico no son un recurso vacío, sino una forma concreta de decirle a las familias que no están solas, que su dolor es reconocido y que hay una comunidad dispuesta a sostenerlas.
"No podemos ser insensibles ante estas situaciones porque si hay algo que espanta es la indiferencia".
Esta advertencia sobre la indiferencia social es, quizás, el punto más urgente del mensaje. En un país donde la cifra de personas desaparecidas supera las decenas de miles, la tentación de normalizar la tragedia es real. El riesgo de que las historias se diluyan con el tiempo, de que los nombres se olviden, es algo que el sacerdote señaló directamente como una amenaza que la sociedad debe combatir activamente.
La celebración en la catedral de Veracruz cerró con un llamado a mantener la atención colectiva sobre las familias que siguen buscando. No se trata de revivir el dolor por el dolor mismo, sino de asegurarse de que las víctimas no sean reducidas a estadísticas y de que quienes buscan sigan contando con el respaldo de su comunidad.
Diez años después del hallazgo en Colinas de Santa Fe, la pregunta que queda en el aire no es solo cuántos restos fueron encontrados, sino cuántos siguen sin ser hallados, cuántas familias continúan esperando y cuánto le falta aún a la sociedad veracruzana, y mexicana, para estar a la altura de quienes buscan sin rendirse.