El cielo veracruzano regaló este viernes una de esas postales que no se ven todos los días; la tarde de este viernes se registraron nubes iridiscentes vistas desde la zona Veracruz-Boca del Río.
Pasadas las 6:00 de la tarde, el fenómeno se registró en dirección oeste, justo en el momento en que el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.
Para entender lo que ocurrió este viernes sobre el puerto, hay que echarle un ojo a la física detrás del asunto; las nubes iridiscentes son el resultado de un proceso conocido como difracción de la luz.
La difracción ocurre cuando las ondas de luz se topan con un obstáculo, ya sean diminutas gotas de agua suspendidas en la atmósfera o cristales de hielo dentro de las nubes.
En lugar de atravesarlos, las ondas los rodean o se cuelan por pequeñas aberturas y rendijas microscópicas, ese desvío es el que descompone la luz y produce esa explosión de colores que caracteriza a este tipo de nubes.
Es importante no confundirlas con el arcoíris ni con los halos solares, que son fenómenos parecidos en apariencia pero distintos en su origen.
Tanto el arcoíris como los halos se producen por refracción, es decir, cuando la luz atraviesa un medio y cambia de dirección al hacerlo, en el caso de la difracción, en cambio, la luz no atraviesa nada: lo bordea, lo esquiva, lo rodea.
Las nubes iridiscentes no son exactamente una rareza en latitudes tropicales como la del puerto de Veracruz, pero tampoco son algo que ocurra con tanta regularidad como para que pase desapercibido.
Para que se produzcan, se necesita una combinación específica de condiciones atmosféricas: nubes con gotas de agua o cristales de hielo de tamaño uniforme, y la posición correcta del sol respecto al observador, en en este caso, había nubes cirrotratos, las cuales están compuestas por cristales de hielo.
Esa última condición explica por qué el avistamiento de este viernes se dio justo antes del ocaso.
La hora dorada, ese momento en que el sol está bajo en el horizonte y la luz viaja una distancia mayor a través de la atmósfera, favorece la aparición de este tipo de efectos ópticos.
Sin esa geometría entre el sol, las nubes y el ojo del observador, el fenómeno simplemente no se produce, o al menos no con la intensidad que se apreció esta tarde.
Como suele ocurrir con cualquier evento visual llamativo en el cielo, los veracruzanos reaccionaron rápido.
Las redes sociales se llenaron de fotos y videos capturados desde distintos puntos de la ciudad, desde el malecón hasta colonias del interior de Boca del Río, todos intentando documentar ese instante de color inesperado que se coló entre las nubes de la tarde.
Ya que el tema lo permite, vale la pena dejar claro el contraste entre los dos grandes procesos que producen color en el cielo, porque suelen confundirse con facilidad:
Ambos fenómenos son naturales, no representan ningún riesgo y son, en realidad, una consecuencia directa de las propiedades físicas de la luz.
La aparición de las nubes iridiscentes sobre Veracruz este viernes fue, más allá de su explicación científica, una de esas pequeñas pausas que ofrece la naturaleza en medio de la rutina. Un momento para levantar la vista, sacar el teléfono y recordar que el cielo, ese lienzo enorme que tenemos encima todos los días, todavía guarda sorpresas.
Para quienes se lo perdieron, la recomendación es sencilla: en las próximas tardes despejadas, antes de que el sol se oculte del todo, vale la pena mirar hacia el poniente. El espectáculo podría repetirse, y esta vez con el antecedente de saber exactamente qué es lo que está pasando allá arriba.