El robo de energía eléctrica continúa siendo un desafío persistente en diversas zonas de Veracruz, tanto en áreas urbanas como rurales, donde las conexiones ilegales afectan la infraestructura, elevan costos y representan riesgos para la seguridad de la población.
De acuerdo con Gustavo Mendoza Barrón, presidente del Colegio de Ingenieros Mecánicos, Electricistas y Electrónicos de Veracruz, existen principalmente dos modalidades en las que ocurre este delito. La primera se presenta cuando el servicio eléctrico no está regularizado y los habitantes optan por conectarse de manera directa a la red. La segunda ocurre cuando, en espacios públicos o vialidades, hay acceso a líneas de energía y algunas personas instalan negocios informales “colgándose” de la corriente.
El especialista subrayó que se trata de un fenómeno complejo de atender. “Tengo que ser muy puntual, es muy difícil de regular, viene más a la conciencia ciudadana de no robarnos la energía”, afirmó. En ese sentido, destacó que la supervisión constante resulta complicada debido a la naturaleza clandestina de estas prácticas.
Mendoza Barrón también señaló que uno de los principales problemas radica en la falta de detección. “Es un tema muy difícil de regular; si nadie se da cuenta del robo, no te pasa nada”, expresó, evidenciando la necesidad de fortalecer tanto los mecanismos de vigilancia como la cultura de legalidad entre la población.
El robo de electricidad no solo impacta económicamente a las empresas proveedoras, sino que también puede generar sobrecargas, apagones y accidentes eléctricos. Ante este panorama, especialistas coinciden en que, además de acciones técnicas y legales, es fundamental fomentar la responsabilidad social para reducir estas prácticas.
mb