¿Debería abrirse al público la Isla de Sacrificios?

Imagen ¿Debería abrirse al público la Isla de Sacrificios?

Por: Beatriz Olivia Pérez

La posible apertura al turismo de la Isla de Sacrificios, frente al puerto de Veracruz, es un tema que genera debate entre conservación ambiental, acceso público y aprovechamiento histórico. Para el investigador y explorador Mario Gaspar Covarrubias, sí debería considerarse su apertura, pero bajo condiciones estrictas.

Actualmente, la isla permanece cerrada desde 1982, cuando se detectó un deterioro acelerado de su ecosistema. De hecho, recordó que hubo un intento posterior de reapertura que no tuvo buenos resultados: “luego se abrió por un breve periodo de prueba al público y el resultado fue desastroso”.

Acceso limitado, pero no imposible

Hoy en día, únicamente especialistas pueden ingresar con permisos oficiales, mientras que los turistas solo pueden recorrer la zona en lancha. Sin embargo, Covarrubias considera que esta restricción podría replantearse.

“Solamente esperar que nuestras autoridades de las diversas dependencias y del gobierno se pongan bien de acuerdo para que algún día se permita el acceso a la población”, expresó.

El especialista subraya que la isla no solo es un santuario natural, sino también un sitio histórico que debería ser conocido por la sociedad.

Educación ambiental y conciencia social

Para el investigador, permitir el acceso —de manera regulada— ayudaría a generar conciencia sobre la importancia de su conservación:

“Si la gente no visita la isla, la gente no la conoce y si la gente no toma de primera mano conciencia de lo que la isla tiene y que se debe de cuidar (…) difícilmente lo va a poder valorar y apreciar y mucho menos apoyar”.

En este sentido, plantea que la experiencia directa puede ser clave para fortalecer la educación ambiental y el sentido de pertenencia.

Turismo regulado, no masivo

Covarrubias insiste en que cualquier apertura debe estar basada en un plan de manejo estricto, priorizando el equilibrio ecológico:

“Efectivamente, pensando principalmente en la conservación de la fauna y pensando también en una buena educación ambiental”.

Además, señala que un modelo bien estructurado podría generar ingresos para la propia conservación del sitio:
“de tal manera que genere ingresos para que pueda ser también autosustentable (…) y también para poder seguir con las investigaciones arqueológicas”.

¿Prohibir o regular?

El investigador también cuestiona el enfoque restrictivo que suele adoptarse en estos casos:

“El problema a veces radica en el hecho de que las prohibiciones hasta cierto punto pueden ser buenas cuando son casos graves, pero (…) cuando el ecosistema ya se recuperó, hay que considerar la posibilidad de ser un poco flexibles”.

Asimismo, advierte sobre la importancia de dar continuidad a los proyectos: “especialmente que los programas se sostengan a lo largo del tiempo, que no sean de una administración”.

Un modelo posible

Finalmente, Covarrubias menciona que en otros países este tipo de sitios son aprovechados con infraestructura, señalización e inversión, sin dejar de lado su conservación.

Bajo esta visión, la Isla de Sacrificios podría abrirse al público en el futuro, pero no como un destino turístico convencional, sino como un espacio regulado que combine historia, naturaleza y educación ambiental.

El debate sigue abierto: ¿prohibir para proteger o abrir con responsabilidad para conservar?

 

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