La fortaleza de San Juan de Ulúa es uno de los sitios históricos más representativos del puerto y uno de los museos más visitados del país, debido a los más de cinco siglos de historia que resguarda entre sus muros.
El director del recinto, Porfirio Castro, destacó que el lugar se ha consolidado como un referente obligado para quienes visitan la zona conurbada Veracruz–Boca del Río.
“San Juan de Ulúa es un sitio que es un referente obligado para los visitantes que vienen a la ciudad de Veracruz, Boca del Río, a esta región”, expresó.
Señaló que la afluencia de visitantes ha ido en aumento, lo que ha colocado al recinto entre los museos más concurridos del país.
“Prácticamente cada año seguimos aumentando y aumentando la visita y lo que nos ha colocado en el quinto lugar de la red de museos del INAH y somos el primero fuera de la Ciudad de México”, afirmó.
El directivo detalló que los cuatro primeros lugares de visitas corresponden a recintos ubicados en la capital del país, como el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec, el Museo del Templo Mayor y el Museo Nacional de las Culturas del Mundo.
La historia del sitio se remonta a 1518, cuando el explorador Juan de Grijalva llegó a la zona y encontró un islote prehispánico conocido como Tepantlayacan.
“Desde el momento en que llega Juan de Grijalva en 1518 y descubre un islote prehispánico que se conocía como Tepantlayacan y adoraban al Dios Tezcatlipoca; y a partir de ahí va a iniciar una nueva historia, ¿por qué? Porque le va a cambiar el nombre y lo va a llamar San Juan de Ulúa”, relató.
El islote era originalmente un sitio ceremonial dedicado a Tezcatlipoca, por lo que no existían construcciones al momento del arribo español.
“No se construye nada sobre el islote, que solamente era un sitio ceremonial para adorar al Dios Tezcatlipoca”, explicó.
Las primeras edificaciones surgieron casi dos décadas después, con la construcción del llamado “muro o lienzo de las argollas”, utilizado para amarrar los galeones de las flotas comerciales y militares.
Con el paso del tiempo, la estructura fue creciendo hasta adquirir la forma de fortaleza que hoy se conoce.
“Las primeras construcciones ya para ir tomando la fisonomía de la fortaleza se van a llevar tres siglos y esta planta rectangular con sus baluartes en cada una de las esquinas se logra aproximadamente en el año 1700”, indicó.
Para entonces ya existían los baluartes de San Pedro, de la Soledad, San Crispín y San José, unidos por muros llamados lienzos o cortinas.
Durante el siglo XVIII se añadieron nuevas estructuras defensivas, entre ellas el revellín de San José, donde se ubicaron los temidos calabozos.
“Le van a construir el revellín de San José, que es donde estuvieron los temidos calabozos en la época de la prisión”, mencionó.
Por este recinto pasaron personajes clave de la historia de México. Uno de ellos fue el presidente Benito Juárez, quien estuvo preso en el lugar.
“Don Benito Juárez estuvo prisionero en 1853 y como la suerte nos puede cambiar cualquier día, cinco años después regresa empoderado a instituir aquí la capital del país”, señaló Castro.
En ese momento, explicó, el recinto se convirtió temporalmente en el centro del poder nacional.
“Palabras más, palabras menos, era el equivalente a nuestra presidencia de la República. Inicia aquí en San Juan de Ulúa y a los pocos días se va a tierra firme”.
Décadas después, durante la Revolución Mexicana, el general Venustiano Carranza también estableció ahí el poder político.
“En 1915 también llega el general Venustiano Carranza e instaura en este sitio el primer ejército constitucionalista, que implica otra vez el centro de poder del país”, comentó.
Una de las particularidades de la fortaleza es el material con el que fue edificada. Castro explicó que en la región no existían piedras como cantera o mármol para construir.
“¿Qué se van a dar cuenta? Que había una serie de arrecifes, lo que hoy conocemos como el gran sistema arrecifal veracruzano”, indicó.
De ahí surgió la principal materia prima del edificio.
“Esta piedra de coral se va a convertir en la materia prima de construcción por excelencia aquí en San Juan de Ulúa”, afirmó.
Gracias a ello, algunos muros alcanzan dimensiones impresionantes.
“Hay muros que tienen aproximadamente tres metros de grosor, pero hay muros que tenemos con más de diez metros de grosor”, detalló.
La fortaleza está construida sobre un islote, lo que provoca un fenómeno constante de filtraciones de agua salina que generan formaciones minerales en los techos.
“El coral es como una esponja y va a seguir absorbiendo esta agua salina que nosotros le llamamos filtración por capilaridad”, explicó.
Con el paso de los años, esas filtraciones dan origen a formaciones similares a las de una cueva.
“Esta agua al ir subiendo en los muros y al llegar a la bóveda va a buscar salida y empieza a gotear y es cuando se hacen estas formaciones pétreas que conocemos como estalactitas”, indicó.
Entre los elementos más fotografiados del recinto se encuentran los arcos interiores, conocidos como la cortadura de San Fernando.
“Le van a construir una serie de arcos que son visualmente simétricos con la misma estética y se le va a dar por nombre cortadura de San Fernando porque es para impedir el paso del enemigo”, explicó.
Estos arcos formaban parte de un sistema defensivo adicional dentro de la fortaleza.
“Si el enemigo llegaba a penetrar, necesitabas una segunda barrera de protección para impedir que te tomaran la fortaleza”, agregó.
Con más de 500 años de historia, San Juan de Ulúa ha sido fortaleza militar, prisión y sede temporal del poder político del país, consolidándose hoy como uno de los principales símbolos históricos del puerto de Veracruz y de México.