Regulan 11 estados el uso del celular en las aulas ¿Y Veracruz?

Imagen Regulan 11 estados el uso del celular en las aulas ¿Y Veracruz?

Por: Redacción xeu

La medida busca mejorar el rendimiento escolar y reducir distracciones en educación básica y media superior

El uso del teléfono celular en los salones de clase se ha convertido en uno de los debates más intensos de la educación mexicana en los últimos años. Y ya no solo es un debate: once estados del país han dado el paso formal de establecer regulaciones específicas para limitar o prohibir el uso de dispositivos móviles durante el horario escolar, una tendencia que sigue sumando adeptos entre autoridades educativas de todo el territorio nacional.

En Veracruz aún no se ha aprobado ni aplicado una ley general que regule oficialmente el uso de celulares en las aulas de educación básica pero el Congreso del Estado ha analizado y afinado iniciativas  para limitar el uso de dispositivos móviles y evitar distracciones, violencia escolar y riesgos en redes sociales.

La discusión no es nueva, pero sí ha cobrado una urgencia distinta. Con la expansión del acceso a internet móvil y las redes sociales entre niños y adolescentes, las aulas enfrentan hoy una competencia permanente por la atención de los estudiantes. Maestros, directivos y padres de familia coinciden en que la distracción digital es uno de los principales obstáculos para el aprendizaje efectivo.

¿Qué estados ya tomaron medidas?

De acuerdo con la información disponible, once entidades federativas mexicanas han implementado algún tipo de regulación sobre el uso del teléfono celular dentro de los planteles educativos: Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México, Tamaulipas, Querétaro, Guerrero y Morelos han aprobado medidas Aunque los mecanismos varían de un estado a otro, el objetivo común es reducir las interrupciones durante las clases y crear ambientes más enfocados en el aprendizaje.

Las regulaciones van desde restricciones parciales, que permiten el uso del celular solo en horarios de descanso o con autorización del docente, hasta prohibiciones totales durante toda la jornada escolar. En algunos casos, las escuelas han adoptado sistemas de resguardo de dispositivos al inicio del día, devolviéndolos únicamente a la salida.

Una tendencia global que llega a México

México no está solo en esta decisión. Países como Francia, Italia, Países Bajos y Reino Unido han implementado políticas similares con resultados alentadores en términos de concentración, convivencia escolar y rendimiento académico. La UNESCO también se ha pronunciado a favor de restringir el uso de celulares en escuelas, señalando que la tecnología mal gestionada puede ser un factor de desigualdad y distracción.

En ese contexto, las autoridades educativas mexicanas han comenzado a moverse en la misma dirección, aunque de forma gradual y sin una política nacional unificada hasta el momento. Cada estado ha diseñado su propio modelo de regulación, lo que genera un mosaico de normas que varía considerablemente según la región.

El argumento de fondo: atención, salud mental y rendimiento

Más allá de la distracción inmediata, los expertos en educación y psicología infantil apuntan a consecuencias más profundas del uso excesivo del celular entre menores de edad. El impacto en la salud mental, el desarrollo de habilidades sociales y la capacidad de concentración sostenida son algunos de los factores que preocupan a investigadores y pedagogos.

Estudios realizados en distintos países han documentado que los estudiantes que tienen acceso irrestricto al celular durante clases obtienen calificaciones más bajas, presentan mayor ansiedad social y desarrollan menor tolerancia a la frustración. Estas evidencias han sido determinantes para que varios gobiernos estatales en México decidan actuar.

Para los docentes, la regulación representa un alivio. Recuperar la atención del grupo ha sido, en muchos casos, una batalla diaria que desgasta la práctica educativa y reduce el tiempo efectivo de enseñanza. Contar con respaldo institucional y normativo para establecer límites claros cambia el escenario de manera significativa.

Voces a favor y resistencias naturales

La medida no ha estado exenta de críticas. Algunos padres de familia argumentan que el celular es también una herramienta de seguridad, ya que les permite mantener contacto con sus hijos durante la jornada escolar. Otros señalan que la prohibición no distingue entre el uso educativo y el recreativo del dispositivo, lo que podría frenar iniciativas pedagógicas que integran la tecnología al aprendizaje.

Desde el sector docente, sin embargo, la recepción ha sido mayoritariamente positiva. La posibilidad de enseñar en un ambiente con menos interrupciones digitales es vista como una mejora concreta y tangible de las condiciones laborales y pedagógicas. Algunos maestros incluso reportan que, tras la implementación de las restricciones, la participación oral de los estudiantes en clase aumentó notablemente.

Los estudiantes, por su parte, presentan reacciones mixtas. Los más jóvenes tienden a adaptarse con mayor facilidad, mientras que los adolescentes en educación media superior suelen mostrar mayor resistencia inicial, aunque varios testimonios recogidos por medios locales apuntan a que, con el tiempo, muchos reconocen que la medida les ayuda a concentrarse mejor.

¿Qué sigue para el resto del país?

La pregunta que ronda los pasillos de la Secretaría de Educación Pública es si México avanzará hacia una política nacional que unifique los criterios. Por ahora, la decisión sigue siendo responsabilidad de cada entidad federativa, lo que genera desigualdad en la aplicación y puede confundir a familias que se trasladan entre estados.

Lo que sí parece claro es que la tendencia regulatoria va en aumento. Con once estados ya con normas establecidas, es probable que en los próximos ciclos escolares más entidades se sumen a la iniciativa, especialmente si los primeros resultados académicos comienzan a mostrar mejoras medibles.

Para Veracruz, donde la conversación sobre la calidad educativa es constante y urgente, el tema no puede ignorarse. Las experiencias de otros estados ofrecen un mapa de posibilidades y errores que las autoridades locales podrían aprovechar para diseñar una política propia, adaptada a la realidad de las escuelas veracruzanas, sus recursos y sus comunidades.

El celular llegó para quedarse en la vida cotidiana de niños y jóvenes. La pregunta ya no es si debe existir, sino cuándo, cómo y dónde tiene lugar en el proceso educativo. Esa es la discusión que once estados ya empezaron a responder con hechos.

El Universal

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