Las relaciones entre Israel y Reino Unido entraron en una nueva fase de tensión diplomática luego de que el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, anunciara este martes el cierre del consulado británico en Jerusalén, en represalia por las nuevas medidas comerciales adoptadas por Londres contra productos provenientes de asentamientos israelíes en Cisjordania.
Sa’ar calificó la decisión británica como una "grave injerencia" en los asuntos de Israel y aseguró que su gobierno responderá a las acciones de Reino Unido. El funcionario había advertido previamente: "Si Gran Bretaña actúa contra Israel, Israel actuará contra Gran Bretaña".
El gobierno británico anunció un régimen de sanciones que contempla prohibir la importación de productos procedentes de asentamientos israelíes en los territorios ocupados, además de medidas contra empresas y personas relacionadas con la construcción, infraestructura, financiamiento y expansión de dichos asentamientos.
El canciller británico, Ed Miliband, sostuvo que las medidas buscan evitar que Reino Unido contribuya económicamente a la expansión de los asentamientos y preservar la posibilidad de una solución de dos Estados. Londres aclaró que las restricciones están dirigidas contra los asentamientos y no contra Israel en su conjunto.
Las nuevas disposiciones británicas comenzarán a implementarse mediante un régimen legal que, de acuerdo con el gobierno de Reino Unido, podría entrar plenamente en vigor en un periodo de entre seis y nueve meses.
El cierre del consulado no será la única medida. Sa’ar también anunció el retiro de representantes británicos del mecanismo internacional de coordinación relacionado con Gaza, así como el fin del entrenamiento británico a fuerzas de la Autoridad Palestina en Cisjordania.
Israel también prohibirá la entrada al país a determinados ciudadanos británicos, incluidos legisladores, como parte de las medidas de represalia.
El gobierno israelí señaló que las decisiones fueron coordinadas con el primer ministro Benjamin Netanyahu, en un momento particularmente delicado para Israel, que celebrará elecciones legislativas a finales de octubre.
La decisión representa una nueva escalada en las relaciones entre Israel y Reino Unido, dos países que mantienen vínculos históricos, pero que han profundizado sus diferencias por la situación en Gaza, la expansión de asentamientos en Cisjordania y el futuro de la solución de dos Estados.
La medida británica forma parte de una iniciativa respaldada también por otros países, entre ellos Francia y Canadá, para restringir el comercio relacionado con asentamientos israelíes en Cisjordania.
El cierre del consulado británico en Jerusalén Este supone un golpe especialmente significativo porque esa representación ha sido un importante centro de la relación de Reino Unido con la población palestina y la Autoridad Palestina.
Por ahora, la disputa amenaza con ampliar todavía más la brecha diplomática entre Londres y el gobierno de Netanyahu, mientras continúa la presión internacional sobre Israel por sus políticas en los territorios palestinos.