El inicio del nuevo Año Litúrgico 2026 con el adviento es un signo de esperanza y alegría para la mayoría de la ciudadanía mexicana y veracruzana pues se espera la presencia de Jesucristo, Señor de la historia. Cristo viene a su pueblo para renovar a toda persona que desea mejorar y vivir en plenitud su ser y su existencia, que se encuentran sumergidos en el miedo y el temor debido a la violencia e inseguridad que existen en muchas regiones de México. Con la presencia de Jesucristo en la historia todo bautizado debe dar, con la gracia de Dios, una respuesta y disponerse interiormente para ser constructor de una sociedad donde reine la paz, la justicia y la ayuda mutua.
La presencia de Cristo que llega durante el adviento debe abrir el corazón del creyente, para ser transformado y renovado por la gracia de Dios y vivir el adviento como tiempo espiritual, que le dé la oportunidad de ir al encuentro de Cristo, de los más cercanos y de los más necesitados. La fuerza de Cristo durante el adviento debe ayudar a todos a no caer en un consumismo desenfrenado y evitar todos los excesos de comida y de bebida. Se trata de disponerse interiormente para vivir en alegría del redentor y evitar comilonas, borracheras, lujurias, desenfrenos, pleitos y envidias.
Las cuatro semanas del adviento son un tiempo espiritual oportuno para no alejarse de los demás y para estar atentos al dolor y sufrimiento a ejemplo de Jesucristo, que viene a compartir nuestra vida entera y darle sentido salvífico a toda la existencia humana. El tiempo de adviento puede mover el corazón de todos para que la reconciliación con Dios sea el camino que termine con todo el odio y la violencia que hay en cualquier estructura social en México. El adviento es un tiempo de gracia y reconciliación si se abre el corazón al Redentor.