Que México se haya convertido en el país que más carne de cerdo importa en el mundo no es un dato menor. Es una señal de alarma para una industria que da empleo a millones de familias y que, en este 2025, está viendo cómo la balanza se inclina peligrosamente a favor del producto extranjero. Así lo advierte Jorge Iván Espinoza Vázquez, presidente ejecutivo de la Organización de Porcicultores Mexicanos (Opormex), quien describe el año como uno de los más complicados que ha vivido el sector.
El 2025 ya marcaba un hito negativo: la importación de carne de cerdo superó cualquier cifra registrada anteriormente en el país. Pero lo que hace especialmente preocupante este momento es que, por primera vez, las importaciones cruzaron el umbral del 50% del consumo nacional. Es decir, uno de cada dos kilogramos de carne de cerdo que se consumen en México ya no es producido aquí.
Espinoza Vázquez no esconde la gravedad del panorama. Reconoce que el primer semestre del año fue especialmente duro, aunque con cierta mejoría posterior en las condiciones de mercado. Pero el golpe de las importaciones sigue pesando sobre los productores nacionales como una losa difícil de levantar.
"México se convirtió en 2025 en el país que más carne de cerdo importa en el planeta. Eso tiene un impacto relevante en el sector, ya que la porcicultura genera más de 2 millones de empleos directos y aporta más de 100,000 millones de pesos al año".
Jorge Iván Espinoza Vázquez, presidente ejecutivo de Opormex
La respuesta corta: principalmente de Estados Unidos. El país vecino del norte concentra más del 80% de toda la carne de cerdo que entra a México. Le sigue Canadá con alrededor del 15%, y Brasil con un 3%. El resto llega de otros países con una participación mucho más acotada. No es un fenómeno nuevo ni repentino, aclara el dirigente de Opormex: la tendencia viene creciendo desde antes de que México firmara tratados de libre comercio, y ha ido avanzando año con año hasta llegar al punto de inflexión que representa este 2025.
Lo que distingue este momento es la velocidad y la magnitud del desplazamiento. Pasar del 49 al más del 50% no es solo un número: es el símbolo de que la producción nacional ya no logra cubrir la mayor parte del mercado interno.
Una duda natural que surge entre los consumidores es si la carne importada es de menor calidad que la producida en México. La respuesta, según Espinoza Vázquez, es más matizada de lo que podría esperarse.
"Hay de todo. Depende de lo que se importe; hay producto de buena calidad y hay producto de acuerdo a lo que el importador esté buscando pagar".
Jorge Iván Espinoza Vázquez, presidente ejecutivo de Opormex
El punto crítico, insiste, no está en la calidad sino en el precio. La carne que llega del extranjero puede costar hasta un 30% menos que la producida en México, lo que coloca a los porcicultores nacionales en una posición de enorme desventaja competitiva. Producir en México implica costos de operación, mano de obra, insumos y cumplimiento de normas sanitarias que simplemente no pueden competir de igual a igual con un producto que entra a precios artificialmente bajos.
Ante este escenario, Opormex no se ha cruzado de brazos. El sector está trabajando de la mano con las autoridades en una investigación formal por prácticas de dumping, es decir, por la entrada de carne a precios por debajo de su costo real de producción, lo que constituye una competencia desleal reconocida internacionalmente.
El proceso está en marcha y es la autoridad económica del gobierno mexicano quien deberá determinar si existen elementos suficientes para establecer medidas de protección al sector nacional, como aranceles compensatorios u otras salvaguardas comerciales. No es un camino rápido ni garantizado, pero es el mecanismo legal disponible dentro del marco del comercio internacional.
Para entender por qué este tema importa más allá de los mercados y las estadísticas, basta con ver las dimensiones humanas de la industria porcícola en México. Se trata de una actividad que sostiene directamente a más de 2 millones de personas y que inyecta más de 100,000 millones de pesos anuales a la economía nacional. En estados como Veracruz, Jalisco, Sonora, Yucatán y Puebla, la porcicultura es parte fundamental del tejido productivo regional.
Cuando esa actividad se ve amenazada por un desplazamiento masivo de producto importado, las consecuencias se sienten en los empleos, en las comunidades rurales y en la cadena completa que va desde el productor hasta la mesa del consumidor.
El llamado de Opormex no es cerrar las puertas al comercio internacional. México lleva décadas integrado a los mercados globales y eso tiene ventajas reales para los consumidores. Lo que exigen los porcicultores es competir en igualdad de condiciones: que el producto importado no llegue con precios dumping que distorsionen el mercado y hagan inviable la producción nacional.
"Cuando se ve comprometido por un desplazamiento de una competencia desleal, definitivamente compromete las perspectivas de desarrollo del sector".
Jorge Iván Espinoza Vázquez, presidente ejecutivo de Opormex
Lo que viene en los próximos meses será decisivo. La resolución de la investigación por dumping, la evolución de los precios internacionales y la respuesta del gobierno federal marcarán si la porcicultura mexicana puede recuperar terreno o si el 2025 será recordado como el año en que la industria perdió definitivamente su papel protagónico en el mercado nacional.