En el camino a San José Novillero, en Boca del Río, hay una parroquia que lleva el nombre de uno de los santos más venerados en el mundo: San Chárbel Makhlouf. Y desde hace aproximadamente un año, ese templo guarda algo verdaderamente singular: una reliquia de primer grado del monje libanés, es decir, un fragmento real de sus restos.
El padre Rodolfo Arturo Díaz Arechavaleta, canciller de la diócesis de Veracruz y parróco de la parroquia San Chárbel, comentó que en el marco del día de la fiesta que es el 24 de julio, fue expuesta la reliquia para su veneración.
“Gracias a la providencia de Dios, tenemos las reliquias de San Chárbel, que son reliquias de primer grado, que en este caso concreto es un pequeño huesito de del santo maronita. Y estas reliquias ya son propiedad de la parroquia”.
Con motivo de la festividad del 24 de julio, fecha en que la Iglesia celebra a San Chárbel, la reliquia fue expuesta durante nueve días consecutivos para que los feligreses pudieran acercarse a venerarla.
Pero los últimos cuatro días del novenario, la reliquia salió a recorrer las capillas que forman parte de la parroquia.
Así, el hueso del santo ya visitó comunidades como Playa de la Libertad y San José Novillero. Este miércoles 22 de julio, la reliquia hará una parada en la capilla guadalupana de El Conchal, y el jueves 23 llegará a Mandinga. En ambos casos, la visita será de 5:00 de la tarde a 7:00 de la noche, para regresar a la parroquia a las 7:00 de la noche y celebrar misa.
El padre Rodolfo Arturo Díaz Arechavaleta, canciller de la diócesis de Veracruz y párroco de la parroquia San Chárbel, explicó el protocolo de cada visita: primero se da una semblanza de la vida del santo, luego se celebra la eucaristía y, al término, la reliquia regresa al templo. El 24 de julio, día central de la celebración, estará expuesta durante todo el día.
San Chárbel Makhlouf nació en 1828 en la zona montañosa del Líbano. A los 23 años ingresó al monasterio de la Orden Maronita Libanesa y más tarde se retiró como ermitaño para vivir en contemplación absoluta.
Su vida estuvo marcada por la austeridad extrema, el ayuno prolongado y una oración casi perpetua. Murió en vísperas de Navidad de 1898, y precisamente por eso, la Iglesia trasladó su festividad al 24 de julio: celebrar a un santo el 24 de diciembre, en plena preparación navideña, resultaba litúrgicamente imposible.
“Él fue un monje y sacerdote maronita libanés. A él se le conoce por su profunda vida de de oración, de penitencia y también pues por los numerosos milagros que se le atribuyen tanto en su vida como después de muerto”.
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Cuando murió, el lugar donde estaba enterrado comenzó a emanar una luz visible que llamó la atención de quienes lo rodeaban.
Cuatro meses después, su cuerpo fue exhumado, y lo que encontraron desafió cualquier explicación racional: el cadáver estaba incorrupto, sin señal alguna de descomposición, como si simplemente estuviera dormido. Además, exudaba un líquido rojizo con aroma a rosas.
Con el paso de los años, ese fenómeno no se detuvo. A 127 años de su muerte, los restos del monje libanés siguen sin corrupción en el Monasterio de San Marón en Aannaya, en el Líbano, uno de los sitios de peregrinación más visitados de Oriente Medio.
“Después de su muerte, su cuerpo que estaba todavía incorrupto, durante varios meses emanaba como un líquido parecido como si fuera un sudor, pero con aroma de rosas, el cual este sigue siendo todavía considerado como milagroso para muchos devotos”.
En la actualidad, su cuerpo sigue exudando ese líquido rojizo con aroma a rosas, el cual las personas aseguran que es milagroso.
La reliquia que hoy se venera en Boca del Río llegó hace aproximadamente un año como donación de una familia libanesa a la parroquia dedicada al santo. No es un objeto decorativo ni una representación simbólica: es, según la clasificación canónica de la Iglesia católica, una reliquia de primer grado, lo que significa que proviene directamente del cuerpo del santo.
Desde que fue recibida, la reliquia se expone en fechas especiales, pero por la festividad del 24 de julio, en estos nueve días se expone a partir de las 6:30 de la mañana, y queda disponible para veneración después de la misa de las 8:00 de la mañana.
Para quienes no han tenido oportunidad de acercarse, el 24 de julio es la última fecha: ese día, la reliquia permanecerá expuesta durante todo el día en la parroquia ubicada en el camino a San José Novillero, en Boca del Río, como cierre de una celebración que ha unido a comunidades del sur del puerto en torno a un pedacito de historia sagrada traído desde el Líbano hasta Veracruz.