El edificio del Centro Histórico de Veracruz con catacumbas ocultas (Fotos)

Por: Inés Tabal
Imagen El edificio del Centro Histórico de Veracruz con catacumbas ocultas (Fotos)

En pleno corazón del Centro Histórico de Veracruz, entre calles empedradas y fachadas que guardan siglos de memoria, se levanta un edificio que pocos conocen en su totalidad. El Exconvento Betlehemita, ubicado sobre la calle Francisco Canal, no es solo una pieza de la arquitectura colonial de la ciudad: es un lugar donde convivieron la fe, el dolor, la muerte y el misterio, y donde todavía hoy, debajo del suelo, se encuentran las huellas de todo eso.

Para entender lo que este inmueble representa, hay que conocer su historia desde el principio. El investigador Ricardo Cañas Montalvo, es quien narra la historia de este lugar.

Convento, hospital y escuela: más de dos siglos de historia activa

El Exconvento Betlehemita no siempre fue un centro cultural. Desde que entró en funciones, en 1775, fue convento, hospital de convalecencia y escuela de primeras letras. Una combinación poco común que le dio un papel central en la vida cotidiana del Veracruz colonial.

Lo que más sorprende es su longevidad como centro médico. Según explica Cañas Montalvo, el lugar funcionó como hospital durante más de dos siglos, desde 1775 hasta 1975, cuando cerró sus puertas oficialmente. Pero incluso después del cierre formal, el edificio siguió albergando a sus últimos pacientes.

"Este sitio fue importante porque fue más de dos siglos hospital en Veracruz. Desde 1775 hasta 1975 que fue cerrado y todavía en su interior, aunque ya no recibía pacientes, estuvieron ahí los últimos enfermos de tuberculosis hasta que el último falleció alrededor de 1980", contó Ricardo Cañas Montalvo, investigador

El último paciente con tuberculosis murió ahí alrededor de 1980, casi dos siglos después de que abriera sus puertas.

Cómo recorrer el Exconvento Betlehemita por dentro

Si alguna vez tienes oportunidad de visitar el inmueble, el cual albergó el Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC), hay una ruta específica que te llevará a los rincones más interesantes del lugar. Cañas Montalvo describe el recorrido con detalle:

  • Al entrar por la puerta principal sobre la calle Francisco Canal, llegas directamente al espacio que fue la iglesia del convento. Al fondo, aún puede identificarse dónde estuvo el altar.
  • Si en la segunda puerta giras a la izquierda, encontrarás uno de los patios interiores del edificio, con arcadas y jardinería que conservan el espíritu colonial del lugar.
  • Si en cambio sigues de frente, llegarás al área donde hoy están los baños del edificio.
  • Justo a un lado de esa puerta hay otra de madera que es la entrada a algo mucho más antiguo: una escalinata que desciende hacia lo que fueron las catacumbas del exconvento.

Esa escalinata baja exactamente hacia el espacio que se encuentra por debajo del altar original de la iglesia. El acceso está cerrado con una reja, pero desde afuera se pueden ver perfectamente las escaleras y los lineamientos de las fosas donde fueron sepultados los frailes betlemitas.

Las catacumbas: visibles, pero inaccesibles

La palabra "catacumbas" evoca imágenes oscuras y dramáticas, pero la realidad de este lugar es más sencilla y, de cierta manera, más triste. Hoy en día el espacio está vacío. No hay restos, no hay objetos, no hay nada que hable directamente de quienes estuvieron ahí. Solo el espacio y las marcas en el suelo donde alguna vez existieron las fosas.

"Hoy en día no hay nada, está el espacio vacío, pero sí se pueden observar algunas partes, digamos así, los lineamientos de los fosos o de las fosas que se encontraban ahí donde eran sepultados los frailes betlemitas", señala Ricardo Cañas Montalvo, investigador

El investigador aclara que las catacumbas se pueden ver desde afuera de la reja, que las escaleras son claramente visibles y que la experiencia, aunque limitada, es suficiente para dimensionar la importancia del lugar. No se puede entrar, pero sí se puede ver. Y en ocasiones, con ver es suficiente para entender.

El misterio que resolvió el suelo veracruzano

Cañas Montalvo explica que el Exconvento Betlehemita se encuentra muy cerca del Baluarte de Santiago, una de las antiguas fortificaciones de la ciudad que en su época estaba prácticamente a pie de playa. Eso significa que el manto freático, es decir, la capa de agua subterránea, está casi a ras del suelo en esa zona. En temporada de lluvias, el agua se filtra desde abajo y llega a inundar ligeramente el espacio de las catacumbas.

"De tanta humedad es lógico que los cuerpos en Veracruz, sobre todo los que vivieron inhumados en ese sitio, pues no permanecían mucho tiempo. La carne humana al paso de tan solo unos cuantos meses desaparece, pero la osamenta precisamente con tanta agua finalmente también llega a desaparecer".

El investigador vivió esto de primera mano. Cuando en 1986 o 1987 el entonces IVEC restauró el edificio durante la gestión de Ida Rodríguez Prampolini, él y otros jóvenes lograron entrar al lugar durante los trabajos. Lo que encontraron confirma lo que la ciencia ya explicaba: ningún cuerpo, ningún hueso. Solo el espacio y la historia que lo rodea.

Un pedazo de Veracruz que vale la pena conocer

El Exconvento Betlehemita es uno de esos lugares que existen en el cruce entre la historia documentada y la memoria colectiva. No es un sitio de terror ni una atracción morbosa: es un edificio que durante más de dos siglos fue parte fundamental de la vida de los veracruzanos, que recibió a los enfermos, que formó a los primeros estudiantes y que enterró a sus frailes con la humedad del puerto como testigo silencioso.

La próxima vez que camines por el Centro Histórico de Veracruz y pases frente a la calle Francisco Canal, ya sabes lo que guarda ese edificio de paredes gruesas y patios con arcadas. Y si entras, recuerda buscar la puerta de madera junto a los baños. Las catacumbas están ahí abajo, esperando ser vistas, aunque no puedan ser tocadas.

Foto: Gimini / Ricardo Cañas